Reflexión
La investigación parte de un problema
y su posible solución, el espíritu ético del investigador resulta no menos
importante que sus posibles hipótesis, siendo estas desde las más complejas
hasta las más ingenuas. La necesidad del hombre en explorar y construir nuevos
constructos se enmarca como una impronta a lo largo de la humanidad, no podemos comprender la ciencia sin valorar
su influencia filosófica. Ahora bien
cuando iniciamos un proceso de investigación debemos tener en cuenta que la
hipótesis puede ser empíricamente comprobable o probablemente falsa, lo que
implicaría para el investigador gran nivel de madurez en reconocer que su
hipótesis no resolverá el problema, derribar así su ceguera paradigmática, para
continuar transitando en las siguientes fases creativas teniendo en cuenta la
observación, la abstracción y la
relación entre similitudes. En algunos
casos el objeto de investigación resulta todo un desafío dentro de nuestra
propia imaginación, por lo que al efectuar un experimento para poner a prueba ciertas hipótesis no
necesitamos estar ciegos ante otros hechos, el investigador y su ego deben
estar bien al pendiente ante cualquier evento, incluso lejano al que
inicialmente dirigió su atención. La visión de esos otros acontecimientos lo
llevarían a la formulación de otras hipótesis. La flexibilidad, paciencia y la
empatía caracterizan a un buen investigador.

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